UA impulsa salud global de mariscos con laboratorio
El Laboratorio de Patología de la Acuicultura de la Universidad de Arizona, en Tucson, es el único laboratorio de referencia de la WOAH en Norteamérica para las enfermedades de los crustáceos, y su ubicación en el desierto no es casualidad.
Tucson es una ciudad sin litoral, abrasada por el sol y situada a cientos de millas del océano más cercano; y es precisamente por esta razón que la Universidad de Arizona estableció aquí uno de los laboratorios líderes a nivel mundial en el estudio de enfermedades del camarón.
El Laboratorio de Patología Acuícola de la UA, APL por sus siglas en inglés, lleva tres décadas identificando, diagnosticando y gestionando enfermedades en el camarón. Fue fundado en 1986 por el Dr. Donald Lightner, cuyos intereses se centraban en las enfermedades infecciosas de los crustáceos, principalmente camarones y peces.
La creación del APL coincidió con un periodo de rápido crecimiento en la industria camaronera a nivel mundial.
“La acuicultura está experimentando un crecimiento exponencial. Constituye una fuente fundamental de dietas ricas en proteínas para personas de todo el mundo,” afirmó Arun Dhar, director del APL y profesor universitario. “Actualmente, incluso en los Estados Unidos, se ha producido un cambio en el consumo de proteínas de origen animal: en las últimas décadas, la tendencia se ha desplazado del consumo de carne de res y cerdo hacia el de pescado y mariscos.”
La industria de los productos del mar está ganando popularidad vertiginosamente debido a sus beneficios para la salud, a los cambios en las preferencias dietéticas y a las preocupaciones en torno a la sostenibilidad; de hecho, su consumo se ha duplicado desde la década de 1960, según datos de la Escuela de Sostenibilidad Doerr de Stanford.
El APL es el único laboratorio de referencia en América del Norte para el estudio de enfermedades de los crustáceos reconocido por la Organización Mundial de Sanidad Animal, conocida como WOAH, por sus siglas en inglés; su labor consiste en respaldar la vigilancia epidemiológica mediante su pericia científica y la realización de pruebas diagnósticas, con el fin de salvaguardar la salud pública, la producción animal y el comercio. Asimismo, se trata de un laboratorio aprobado por el USDA y acreditado bajo la norma ISO, lo que certifica su cumplimiento con los estándares internacionales de competencia técnica y garantía de calidad.

Dhar señaló que el laboratorio opera con tres misiones fundamentales. La primera consiste en proporcionar servicios de diagnóstico a la industria camaronera, procesando muestras y consultas sobre enfermedades provenientes de investigadores de todo el mundo. La segunda es la capacitación: funcionarios gubernamentales, profesionales de la sanidad animal y académicos viajan a Tucson desde diversas partes del globo para aprender técnicas de diagnóstico de enfermedades.
La tercera es la investigación.
“Siempre que surge una nueva enfermedad, debemos identificar su etiología y desarrollar herramientas y tecnologías para su detección,” afirmó Dhar. “Más recientemente, hemos estado trabajando en el desarrollo de herramientas para el control de enfermedades.”
El APL alberga cerca de 150.000 muestras de tejido algunas de las cuales datan de la década de 1970, lo que proporciona a investigadores y estudiantes en prácticas un registro histórico de varias décadas sobre la evolución de enfermedades y patógenos en los crustáceos.
Los estudiantes en prácticas reciben aproximadamente tres meses de formación antes de comenzar a trabajar de manera independiente en proyectos adaptados a sus propios intereses de investigación.
“Estados Unidos es uno de los mayores productores de reproductores genéticamente superiores: machos y hembras adultos que se utilizan para la puesta y la producción de larvas,” explicó Dhar.
Varias empresas ubicadas en estados como Texas, Florida y Hawái producen estos reproductores, los cuales deben someterse a pruebas de detección de enfermedades antes de ser exportados.

"Basta con pensar en cómo se propagó COVID. Las personas infectadas, al viajar de un país a otro, terminan propagando la enfermedad. Esa es la vía de transmisión. Lo mismo ocurre en el mundo de los crustáceos y en el de los peces. Existen enfermedades que se están transmitiendo debido a que se trasladaron ejemplares infectados de un país a otro,” señaló Dhar.
La ausencia de cuerpos de agua salada naturales en Tucson, sumada a su ubicación aislada, la convierten en un entorno ideal para esta línea de investigación, en la que la contención resulta crucial al trabajar con enfermedades infecciosas.
Además, si algún patógeno llegara a escapar del laboratorio, el clima desértico de Arizona excesivamente cálido y seco impediría la supervivencia tanto de los camarones como de los patógenos. Este tipo de contención natural no está disponible en todas partes.
"Imaginen que se produce un brote de una enfermedad en Tailandia, provocando una mortalidad masiva a gran escala y enormes pérdidas económicas para el país. ¿Adivinen qué? Nosotros importamos camarones de Tailandia,” comentó Dhar. "El precio del camarón comercial de consumo básico aumentaría en Estados Unidos; pongo este ejemplo porque eso fue exactamente lo que sucedió entre 2012 y 2013, cuando se desató un brote importante en Asia específicamente en Tailandia y en otros países de la región. Importamos grandes cantidades de camarones desde Asia, y en aquel entonces se vio afectada la cadena de suministro".
Cuando la cadena de suministro se interrumpe, los precios se disparan.
Dado que se prevé que la acuicultura marina se duplique con creces para el año 2050 según datos de DNV, la labor que se lleva a cabo en laboratorios como el APL desempeñará un papel cada vez más relevante en la seguridad alimentaria mundial.
Zoey Oberstein es estudiante de periodismo en la Universidad de Arizona y pasante en El Foco de Tucson. Puede contactarla en zoeyoberstein@arizona.edu.
Esta nota fue traducida por los pasantes de la preparatoria San Miguel y editada por Diana Ramos, exalumna de la Universidad de Arizona, Directora de Iniciativas Bilingües y reportera en El Foco de Tucson. Contáctala en diana@tucsonspotlight.org.
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