Delitos violentos en Tucson aumentan con el calor

Los delitos violentos en Tucson aumentaron casi un 18% durante los meses más calurosos de 2025, según datos del TPD, en línea con investigaciones que vinculan el calor con mayor agresividad.

Delitos violentos en Tucson aumentan con el calor
La sede principal del Departamento de Policía de Tucson, que aparece en la imagen superior. Los datos del departamento indican que los incidentes de delitos violentos aumentaron durante los meses más calurosos de 2024 y 2025. Caitlin Schmidt / El Foco de Tucson.

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Cuando las temperaturas en Tucson superan los 110 °F, el calor provoca algo más que sudoración. Según los investigadores, también aumenta la irritabilidad, una afirmación respaldada por los registros locales de delincuencia y mortalidad.

La depresión estacional, también conocida como Trastorno Afectivo Estacional (TAE), suele alcanzar su punto máximo en invierno; sin embargo, existe una variante menos común que se manifiesta en primavera y verano, según el Instituto Nacional de Salud Mental.

El estudio también reveló que el TAE con patrón estival puede conllevar síntomas adicionales, como dificultades para dormir, falta de apetito y pérdida de peso, inquietud, agitación, ansiedad y comportamientos violentos o agresivos.

Un experto señaló que la relación entre el calor y los delitos violentos se explica mediante la fisiología básica.

"Existen hipótesis basadas en la fisiología que sugieren que el calor nos vuelve irritables y reduce la calidad del sueño," afirmó Brian Mayer, profesor de la Escuela de Sociología de la Universidad de Arizona. "Dado que las temperaturas elevadas disminuyen la capacidad del cuerpo para descansar y mantener la calma, los científicos plantean la hipótesis de que esto también podría volvernos más agresivos."

No todas las personas reaccionan igual ante el calor. Mientras algunos lo buscan para nadar, broncearse o practicar deportes al aire libre, otros sufren sus efectos adversos.

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Sin embargo, Mayer señaló que la conexión va más allá de la fisiología individual.

"Existen otros factores que trascienden al individuo y a nuestro control de impulsos, o la falta del mismo. Las temperaturas más cálidas nos llevan a pasar más tiempo al aire libre y a cambiar nuestros hábitos," afirmó Mayer. "Aquí en Tucson, preferimos salir a primera o a última hora del día, cuando hay menos luz, lo que genera mayores probabilidades de que se produzcan interacciones violentas. Aunque ese planteamiento ha quedado algo anticuado hoy en día, sucesos como el 'Verano de Sam' de 1977 ilustran bien esta realidad."

El verano de 1977 en Nueva York se convirtió en sinónimo de caos urbano. El asesino en serie David Berkowitz sembró el terror en la ciudad mientras esta lidiaba con edificios abandonados, oleadas de incendios provocados, un apagón de 25 horas que resultó en 3,000 detenciones y una ola de calor sofocante que no hizo más que aumentar la tensión; los ataques de Berkowitz contra parejas en coches aparcados y en plena calle llevaron el temor público al límite del pánico.

Berkowitz mató a seis personas e hirió a otras once a lo largo de más de un año, pero fue aquel verano abrasador, el que dio nombre a la época, el que, según Mayer, ejemplifica su tesis: el calor no provoca violencia por sí mismo, sino que intensifica los factores que ya la generan.

Mayer indicó que el patrón es más complejo que la simple cuestión de quién está en la calle y en qué momento.

La violencia armada sigue un patrón estacional: junio, julio y agosto han registrado sistemáticamente el mayor número de tiroteos masivos durante la última década, según datos del Gun Violence Archive difundidos por Associated Press. El 4 de julio figura entre los días más letales del año, mientras que los meses de diciembre a marzo registran las cifras más bajas.

Este patrón se mantuvo a lo largo de dos años consecutivos de datos del Departamento de Policía de Tucson, TPD, por sus siglas en inglés. En 2024, TPD registró un 12.1 % más de incidentes de delitos violentos durante los cinco meses más calurosos del año en comparación con los cinco más frescos; los robos aumentaron un 40.7 % y las agresiones agravadas, un 20.7 %.

En 2025, la brecha general se amplió a 18 % con agresiones agravadas aumentando a un 28.6 %; los robos, un 31.5 %; y las agresiones sexuales, un 30.6 %.

En ambos años, los homicidios fueron la única excepción, registrándose ligeramente más incidentes en los meses frescos que en los calurosos.

El impacto del calor también se refleja en la morgue. La Oficina del Médico Forense del Condado de Pima registró 117 muertes relacionadas con el calor en 2025, un aumento del 9 % respecto al año anterior, lo que equivale a una tasa de 10.7 por cada 100,000 habitantes.

Las muertes se concentraron en el periodo más caluroso del año: solo los meses de julio y agosto representaron casi dos tercios de todas las víctimas mortales relacionadas con el calor, con 37 y 38 fallecimientos respectivamente; la semana más letal fue la comprendida entre el 29 de junio y el 5 de julio, cuando murieron 13 personas. Cabe destacar que solo el 24 % de esas muertes fueron causadas directamente por la exposición al calor ambiental.

En la mayoría de los casos, el calor actuó como factor contribuyente al agravar condiciones preexistentes, como enfermedades crónicas o el consumo de drogas; este último factor por sí solo representó el 32 % de las muertes relacionadas con el calor.

"Creo que es importante considerar la interacción entre las vulnerabilidades estructurales preexistentes, que hacen que ciertos espacios sean más propensos a experimentar aumentos de temperatura, y los efectos que el calor tiene en el organismo de todas las personas," señaló Mayer.

Christy Russell estudia periodismo en la Universidad de Arizona y es pasante en El Foco de Tucson. Puede contactarla en crussell68@arizona.edu.

Esta nota fue traducida por el equipo bilingüe de El Foco de Tucson.

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