La cosecha de saguaro fortalece tradiciones O’odham
Cada verano, el pueblo Tohono O’odham cosecha el fruto del saguaro, o bahidaj, una tradición arraigada en la cultura, la renovación y la resiliencia en el desierto de Sonora.
Antes de que el monzón veraniego recorra el desierto de Sonora, los Tohono O’odham conmemoran un momento crucial y sagrado del año, cuando madura el fruto de color rojo intenso del imponente cactus saguaro.
Durante una breve e intensa temporada de cosecha, las familias se levantan antes del amanecer para recolectar bahidaj, una tradición que simboliza renovación, fortalece la comunidad y reafirma una antigua relación entre el pueblo O'odham y el desierto que ha sido su hogar durante generaciones.
Para los Tohono O’odham, también conocidos como el Pueblo del Desierto, la recolección de bahidaj es una práctica cultural profundamente arraigada que se ha transmitido de generación en generación. El trabajo se guía por la observación atenta del saguaro, o Ha:sañ, y del propio desierto, ya que el fruto debe recolectarse durante un breve período cada verano, después de la floración del cactus y antes de la llegada de las lluvias monzónicas.
Los Tohono O’odham han vivido en el desierto de Sonora durante miles de años, mucho antes del establecimiento de la frontera entre Estados Unidos y México. Los orígenes de los O’odham están profundamente ligados a la tierra, donde han prosperado durante generaciones.
Los O’odham se asentaron originalmente a lo largo de los ríos Salt, Gila y Santa Cruz. Sus antepasados, los Hohokam, eran conocidos como "maestros del desierto" y "expertos en su entorno." Diseñaron sofisticados sistemas de canales para irrigar cultivos como algodón, tabaco, maíz, frijoles y calabazas, lo que supuso un avance en el conocimiento agrícola en uno de los climas más áridos del mundo y sentó las bases de prácticas sostenibles que aún se observan en la actualidad.
Hoy en día, los O’odham continúan aplicando principios meteorológicos tradicionales para guiar la siembra y la cosecha, y para determinar cómo se almacena y gestiona el agua. Su resiliencia y su profundo conocimiento del ecosistema circundante les permiten mantener sus comunidades y preservar sus tradiciones culturales.

Tanto en el pasado como en la actualidad, los Tohono O’odham se adentran en el desierto para recolectar bahidaj. La recolección suele realizarse a primera hora de la mañana y al atardecer, cuando las temperaturas veraniegas son más soportables, ya que a menudo superan los 100 grados durante el día.
La cosecha suele tener lugar a mediados de julio, justo antes de la llegada de la temporada de monzón, y es importante porque marca el comienzo del Año Nuevo O’odham. Las herramientas que se utilizan para recolectar la fruta se preparan tradicionalmente con antelación.
Tradicionalmente, los O’odham utilizaban una herramienta llamada Kui'pud, construida con dos o tres costillas de un cactus saguaro muerto y con forma de pértiga larga en forma de T, que medía entre 4,5 y 9 metros. Esta herramienta se utiliza para desprender suavemente el fruto del Ha:sañ, lo que permite recolectar del suelo o en cubos.
Raeshaun Ramon, miembro de la Nación Tohono O’odham, dijo que su mayor implicación en la recolección de bahidaj comenzó más tarde en su vida, influenciada por la comunidad y la tutoría.
“No fue hasta que fui un poco mayor que empecé a aprender más sobre la práctica comunitaria de recolectar la fruta,” dijo Ramón. “Me invitó el difunto Arthur Wilson, quien me llevó a mi primera cosecha. Viví la experiencia completa pasé la noche allí, me levanté alrededor de las cinco de la mañana, recolecté la fruta hasta que hizo mucho calor y luego vi a toda la comunidad reunirse para poner toda la fruta en un solo recipiente y comenzar el proceso de cocción.”
Una vez cosechada la fruta, la pulpa se extrae cuidadosamente de las vainas, se coloca en cubos y se lleva a casa. La bahidaj se transforma luego en una variedad de productos, como jarabes, mermeladas, jaleas y vinos. Estos alimentos son una parte importante de la cultura O’odham, lo que demuestra la versatilidad de la fruta y refleja las antiguas prácticas de autosuficiencia e ingenio de este pueblo.
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El momento de la temporada de cosecha puede variar de un año a otro, dependiendo de cuándo florece la fruta, un factor cada vez más importante a medida que los patrones climáticos continúan cambiando. Ramón afirmó que el cambio climático ya ha comenzado a afectar la temporada.
“A veces, los saguaros tienden a producir más en una temporada en particular, y luego, en la siguiente, no producen tanto,” dijo Ramón. “Tengo la impresión de que a veces los saguaros concentran su energía en una temporada y luego, en la siguiente, se toman un descanso, para después volver a producir más. Estamos notando esas diferencias.”
Ramón dijo que cree que los saguaros están reaccionando al estrés ambiental.
“Probablemente sufren más estrés debido al entorno, al clima o a los diferentes patrones meteorológicos, por lo que intentan compensar esas condiciones durante esa temporada en particular,” afirmó. “Creo que también están intentando adaptarse. Los saguaros son muy resistentes, precisamente porque viven en uno de los entornos más hostiles del mundo.”
La temporada de cosecha termina con las primeras lluvias del monzón. Después de eso, los O'odham esperan a que el ciclo comience de nuevo el verano siguiente.
Mantener una profunda conexión y comprensión del saguaro es fundamental para la cultura O’odham. A través de historias transmitidas de generación en generación, el cactus es honrado por su significado e importancia, lo que refuerza la creencia de que siempre debe ser tratado con respeto y nunca dañado.

Los saguaros pueden vivir hasta 200 años y desarrollar más de 20 brazos, que suelen crecer entre los 75 y los 100 años de edad. Más allá de ser imponentes figuras en el desierto, Ha:sañ tiene un profundo significado cultural para el pueblo O’odham, conectando la tierra, las personas y la tradición a través de generaciones.
El desierto de Sonora es relativamente joven, con una historia que se remonta a más de un millón de años. Los O’odham, sin embargo, han vivido en el suroeste junto a los saguaros desde que la primera luz iluminó estas tierras, transmitiendo las historias que atesoran. Dependiendo de la comunidad, los narradores pueden describir Ha:sañ como un niño o una niña.
Ramon describió la profunda relación que los O’odham tienen con los saguaros, afirmando que Hasañ siempre ha desempeñado un papel importante en la cultura O’odham.
“He oído que, según nuestra antigua tradición, el primer saguaro era un niño. Este niño era querido por la comunidad, pero también sufría acoso. Al final, se transformó en un saguaro, emergiendo de la tierra en medio del desierto,” dijo Ramón. “Me gusta pensar que nuestra gente presenció la aparición del primer saguaro. Esto concuerda con nuestras historias tradicionales sobre el primer mundo.”
Betsy Norris, una anciana de la tribu Tohono O’odham, ha estado recolectando bahidaj desde la década de 1950.
“Muchas veces no teníamos muchas ganas de ir. Éramos jóvenes, pero nos levantábamos temprano por la mañana y salíamos a recolectar. Mi abuela usaba el Kui’pud, el palo que se usa para desprender los frutos,” contó Norris. “También recogíamos los frutos que caían al suelo, porque lo aprovechábamos todo, incluso si estaban crudos o secos.”
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La cosecha es más que una tradición estacional; refleja la relación perdurable entre el pueblo Tohono O’odham y la tierra que ha sido su hogar durante generaciones. A través de la cosecha, la preparación de alimentos y el compartir los frutos del Ha:sañ, las comunidades O’odham honran a sus ancestros, celebran renovación y transmiten conocimientos culturales vitales.
A medida que cambian los patrones climáticos y surgen nuevos desafíos, la resiliencia tanto del pueblo O'odham como del Ha:sañ sigue siendo un poderoso símbolo de adaptación y supervivencia.
Cada temporada, con las primeras lluvias del monzón, el ciclo comienza de nuevo, recordándonos que el final de un capítulo es siempre el comienzo de otro.
Esa conexión no es sólo ecológica, sino también profundamente personal, y se refleja en la forma en que Ha:sañ es visto, recordado y comprendido por quienes viven junto a él.
“Lo veo especialmente durante la puesta de sol: las siluetas de los saguaros se parecen a las personas. Cada uno es único, con diferentes alturas, diferente número de brazos y diferentes formas,” dijo Ramón. “A menudo los comparo con las personas. Todos somos diferentes, al igual que cada saguaro. Realmente se parecen a los seres humanos en muchos aspectos.”
Trinity Norris es la fundadora de O’odham Media y tiene una maestría en Estudios de Medios Globales de la Universidad de Arizona.
Esta nota fue traducida por los pasantes de la preparatoria San Miguel y editada por Diana Ramos, exalumna de la Universidad de Arizona, Directora de Iniciativas Bilingües y reportera del Foco de Tucson. Contáctala en diana@tucsonspotlight.org.
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